Sólo te dejo ausencia
y hambre de tristeza.
Como la hermosa flor de Saba
sólo adornas el desierto,
y tu simiente estéril
pregona tu soledad.
Luz oscura y suave amargor,
tus ojos, inmensos, rasgados,
lloran al paso del peregrino,
y tus labios perfectos
sólo besan el carmín que los cubre,
para despedir al que nunca partió.
Como la Alhambra sobre el albaicín
sola en la vega, esperas tu Boabdil.
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