Ecos afilados
desbordan tu mirar zarco y rendido,
anegan tu pecho ahogado y ciegan
tu perfil adolorido.
Un segundo furioso
y renace
el mudo quejido.
Tan sólo un minuto
y torna la razón
que devuelve el sentido.
Tu memoria vencida devora
el contorno abrupto
y helado que el tiempo
supo dibujar en tu llanto
resentido y apagado.
Mengua el dolor,
se apaga el latido,
hasta que otro segundo feroz
reclame otro minuto tardío
que borre el trazo de mi voz
y esboce de nuevo el vacío.
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