... arenas blancas arrasan su mirada.
El mórbido recuerdo de su rostro tranquilo
me empapa de una sed que no se apaga,
y sueño un barco que leva el ancla vacío,
y escucho el eco de una rima encantada.
De sus ojos brotan lágrimas ciegas
que susurran al correr
"aún el trazo más bello
sólo mancha y roba el alma al papel".
Al más tierno de sus amantes enloqueció
con la fría luz del último amanecer,
y llorando quedamente escribió:
"el calor de la pasión sólo
de la fría miseria puede nacer".
Rasgos borrados, sexos vacíos
agostan su mente, hielan su corazón;
el recuerdo evoca un olvido
que su memoria disfrazará de pasión.
Y lágrimas ajenas por él llenarán
la urna quebrada de la misericordia
pues quien le llore será proscrito,
y los proscritos nunca dejan de llorar.

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