Reto en sus miradas,
el silencio fiero esconde
mil muertes, diez mil, cien mil tal vez.
¿Qué importaron nunca
para las franjas de Dios
odios y lágrimas,
y besos...
adioses sucios y mudos,
traiciones, rezos y blasfemias?
¿Acaso cegarán sus ojos
tantos cristales apagados?
Al osario convocado acudes
parco el gesto,
augusto el ademán.
Todo rastro perdido
sabrá adornar tu paño
y, sobre tu losa, pesar.
Aguardas los silencios
y la apagada oscuridad
que deslumbrarán tus oídos
y encenderán tu mirar.
Gesto hastiado de claridad,
perfil de tiniebla en el labio,
viejos, tiranos, tristes,
se dirigen con paso acabado
al oscuro redil
donde les esperan
cien mil llantos

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