samedi 31 décembre 2011

A mi padre

Tu recuerdo a contraluz
en el asiento del sueño,
y tu imagen sobria me inundan
de presencias susurradas
y de entregas sin razón.

Justo en la palabra,
en la expresión,
en la presencia,
pero excesivo en el sentido,
preñado de lecturas
agotado de vivir.

Entregado, lleno de afectos
que ignoras o te sorprenden,
cargado de tenue pasión
que sólo conduce al paisaje de tu mente
poblado de palabras que construyen
ideas apretadas o conjuras de la razón.

Presencia permanente,
que en cada vuelo recito
Padre mío, que estás en los cielos...
aún espero oírte llegar,
el paso cansado,
restregando la suela
en el abrupto escalón.

Te siento a mi lado,
la risa ahogada,
el mirar ausente y divertido,
el mentón, a veces, adelantado,
la mano en la tapa del libro,
la escritura viva e inquieta,
y ese caminar ladeado,
como si en cualquier momento te fueras
a caer.

Pared frágil que se hizo muralla
para aguantar el peso
de otra torre de Babel.
Justo por lo escaso y, a la vez, excesivo
tu memoria no me olvida,
y cuando mi recuerdo te evoca,
tu imagen fiel y tu sonrisa cansada
me dicen, como siempre,
que uno sólo se marcha
para quedarse mejor,
que la muerte sólo lo es si se olvida,
y que el recuerdo pone todas las cosas
en su sitio otra vez.

Te presiento y te añoro,
te recuerdo y te quiero,
te invoco y acudes,
y estás siempre allí donde te espero.



 


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