samedi 31 décembre 2011

Balkis

Sólo te dejo ausencia
y hambre de tristeza.
Como la hermosa flor de Saba
sólo adornas el desierto,
y tu simiente estéril
pregona tu soledad.

Luz oscura y suave amargor,
tus ojos, inmensos, rasgados,
lloran al paso del peregrino,
y tus labios perfectos
sólo besan el carmín que los cubre,
para despedir al que nunca partió.

Como la Alhambra sobre el albaicín
sola en la vega, esperas tu Boabdil.

indecible azul

Del abismo de tus cuencas
manan ríos de arenas
que discurren translúcidas
por vegas de atónito estupor.

Dos perlas resaltan
la mueca terrosa,
la piel arrugada
abriga el silencio
del páramo animado,
y mueca y abrigo bastan
para acallar el pardo fulgor
de la figura inquieta.

Un despojo de sombra
que acude forzado
al mudo festín de la agonía,
con el rencor amargo y viejo
de la cosecha silenciosa
que la ficción agosta.

Arrastre

Tu huella oscura
se imprime presurosa
en la arena caliente del sol
esculpe espuma de piedra
y teje borlas de suelo.

Alzas el pie, y con él trazas
tres surcos leves
que despegan en espirales de calor
y van a posarse
en tu mirar escondido.

Con paso ausente
desgranas collares
de cuentos y memorias,
rumores y presencias,
y de pronto te detienes
para arropar el vacío azul.

Tu porte desvela
caminos rimados,
un aura indiferente
cubre tu cuello amargo
y acosa tu pisar
orgulloso y perdido...

y yo sólo sigo
tu rastro de fiebre y sal.

... y el mar le dijo al viejo

Arrugas la barba
y mareas la frente,
la mirada absorta
tras el fierro que nada.

Junto al ácido lecho
de raíces sangrantes,
yace el niño que vela
soledades armadas.

Con la salida trazada
en la abrumada cabeza,
escuchas negras voces
que llaman a tierras nodrizas.

Aspa roja y desolada
en arbitraria linde,
cárdenos machos
que sangran tu vida
y tiñen la arena
de hermosas mentiras.

Trocaste el sueño, cabrón,
por el cuero escaso
de un recuerdo inventado
que esparcirá por la pared
los temidos restos de tu talento.

Pellejo sagrado, navegas
con magia insular,
arando lomas
de gigantes azules
que sólo parecen serenos
en el sórdido vacío que animan el deseo
y mi fe en tu disfraz.


Aún clamas lidias,
sólo te cansa la paz,
y nada quieres dejar sino
rimeros de muertes doctas
y de letras convalecientes.

A mi padre

Tu recuerdo a contraluz
en el asiento del sueño,
y tu imagen sobria me inundan
de presencias susurradas
y de entregas sin razón.

Justo en la palabra,
en la expresión,
en la presencia,
pero excesivo en el sentido,
preñado de lecturas
agotado de vivir.

Entregado, lleno de afectos
que ignoras o te sorprenden,
cargado de tenue pasión
que sólo conduce al paisaje de tu mente
poblado de palabras que construyen
ideas apretadas o conjuras de la razón.

Presencia permanente,
que en cada vuelo recito
Padre mío, que estás en los cielos...
aún espero oírte llegar,
el paso cansado,
restregando la suela
en el abrupto escalón.

Te siento a mi lado,
la risa ahogada,
el mirar ausente y divertido,
el mentón, a veces, adelantado,
la mano en la tapa del libro,
la escritura viva e inquieta,
y ese caminar ladeado,
como si en cualquier momento te fueras
a caer.

Pared frágil que se hizo muralla
para aguantar el peso
de otra torre de Babel.
Justo por lo escaso y, a la vez, excesivo
tu memoria no me olvida,
y cuando mi recuerdo te evoca,
tu imagen fiel y tu sonrisa cansada
me dicen, como siempre,
que uno sólo se marcha
para quedarse mejor,
que la muerte sólo lo es si se olvida,
y que el recuerdo pone todas las cosas
en su sitio otra vez.

Te presiento y te añoro,
te recuerdo y te quiero,
te invoco y acudes,
y estás siempre allí donde te espero.



 


Eso que llamamos amor

Nuestras uniones,
nuestras diferencias,
nuestros celos mezquinos
nuestras desavenencias
nuestras disconformidades
nuestros disentimientos
nuestras disparidades
nuestros enfrentamientos
nuestras distinciones
nuestras disputas y, por encima de todo,
nuestras maneras de ser;

y, en ocasiones,
de vez en cuando,
excepcionalmente, corriendo grave peligro de distanciamiento

nuestras reuniones,
nuestras semejanzas,
nuestros despegos mezquinos,
nuestras avenencias,
nuestras conformidades,
nuestras similitudes,
nuestras retiradas,
nuestros parecidos,
nuestras componendas y, por encima de todo,
nuestras alianzas.

Nacimos el uno contra el otro,
para odiamarnos hasta la extenuación,
y todo lo que nos aleja nos acerca
para separunirnos mejor.

... arenas blancas arrasan su mirada

... arenas blancas arrasan su mirada.

El mórbido recuerdo de su rostro tranquilo

me empapa de una sed que no se apaga,

y sueño un barco que leva el ancla vacío,

y escucho el eco de una rima encantada.



De sus ojos brotan lágrimas ciegas

que susurran al correr

"aún el trazo más bello

sólo mancha y roba el alma al papel".



Al más tierno de sus amantes enloqueció

con la fría luz del último amanecer,

y llorando quedamente escribió:

"el calor de la pasión sólo

de la fría miseria puede nacer".



Rasgos borrados, sexos vacíos

agostan su mente, hielan su corazón;

el recuerdo evoca un olvido

que su memoria disfrazará de pasión.



Y lágrimas ajenas por él llenarán

la urna quebrada de la misericordia

pues quien le llore será proscrito,

y los proscritos nunca dejan de llorar.



huérfanos de sal

Ecos afilados

desbordan tu mirar zarco y rendido,

anegan tu pecho ahogado y ciegan

tu perfil adolorido.



Un segundo furioso

y renace

el mudo quejido.

Tan sólo un minuto

y torna la razón

que devuelve el sentido.



Tu memoria vencida devora

el contorno abrupto

y helado que el tiempo

supo dibujar en tu llanto

resentido y apagado.



Mengua el dolor,

se apaga el latido,

hasta que otro segundo feroz

reclame otro minuto tardío

que borre el trazo de mi voz

y esboce de nuevo el vacío.

Fabulación cotidiana

Miradas que juegan a no encontrarse

te imagino, hija de familia,

estudiante, acaso enfermera...

tu expresión seria, hermética

invita a imaginar sonrisas,

besos, palabras...



Desconocerte hace más dulce tu belleza,

tu imagen se preña de mi inspiración,

y tu figura inmóvil, ausente, agrisada,

se torna de pronto cálida, colorida, apasionada.



No quiero conocerte ya;

sólo así eres la que he imaginado,

y puedo conservar tu recuerdo

oculto entre otros rasgos olvidados

sabiendo que una noche

aparecerás en uno de mis sueños

para ser la que yo imaginé.


Sólo tu... Billie

Tristeza sangrante,

abrasada de dolor,

varada

sobre el negro apagado

del pábilo durmiente.

Mirada oscura y perdida,

tus labios espesos,

molestos de pasión;

sirena de tinieblas,

llamas y esperas,

y, mientras, te rodeas

de fuegos, y demoras.

 

Allegro - Largo - Allegro

Flujo pausado,
armónico y sabido,
amoroso y continuo,
contrapunto cansado
que despierta el fulgor contenido.

El ciclo recobrado,
rumoroso y capaz,
revive el ritmo casi perdido
del ondular cupido y sensual,
dibuja un cálido final,
y traduce mundo, color,
hálito y rugido.

Con quejoso aspaviento
la madera, alta y oscura,
suena para alumbrar
la majestad del sonido.

Tiranos otoñales

Reto en sus miradas,
el silencio fiero esconde
mil muertes, diez mil, cien mil tal vez.
¿Qué importaron nunca
para las franjas de Dios
odios y lágrimas,
y besos...
adioses sucios y mudos,
traiciones, rezos y blasfemias?
¿Acaso cegarán sus ojos
tantos cristales apagados?
Al osario convocado acudes
parco el gesto,
augusto el ademán.
Todo rastro perdido
sabrá adornar tu paño
y, sobre tu losa, pesar.
Aguardas los silencios
y la apagada oscuridad
que deslumbrarán tus oídos
y encenderán tu mirar.
Gesto hastiado de claridad,
perfil de tiniebla en el labio,
viejos, tiranos, tristes,
se dirigen con paso acabado
al oscuro redil
donde les esperan
cien mil llantos
que nunca quisieron oír.


Si muero

Si muero,
míralo así;

nada
paso sin huella,
eco de silencio
ignorada amnesia
luego, otra vez nada.

Cesó el fluir
como borrada ausencia
templada oscuridad,
sombra en la sombra,
la hartura de saberse
permite saborear la propia muerte.

Descanso, olvido,
paz, todo desmerece
ante el inmenso alivio
de llegar de nuevo a no ser.