Hasta ayer seguía
el umbral a tu mirada,
celoso y oscuro.
Hoy tu retrato, vacío y gastado
trasluce claridad
y dibuja sombras alargadas
de figuras de otro tiempo que hoy abruman
tu hambre imposible y alejan
tu pasmo socarrón.
Al fin, cano
y claro de afanes,
con mueca sabia cargas
promesas estrenadas
y asoma con infantil destello
la cábala interior.
De tus redomas de silencio,
del leño memorioso,
del porvenir feroz
nacen hoy versos probados
y exilios prohibidos
que apagan mi voz
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