Qué dulce sería seguir contigo,
cuando cierras la puerta
y me ocultas lo mejor de ti.
Escucho cómo te perfumas,
oigo el rumor del cepillo en tu pelo…
De pronto escucho la cerradura,
me miras con ojos asombrados
y yo quedo inmóvil,como hechizado,
y tú me respondes con una mueca.
Dos corazones que callan,
un encuentro probable
de ilusiones azuzadas,
un remedo de felicidad
que nos vuelve dóciles.
Cantinelas cotidianas.
Mi corazón viaja en trenes antiguos
con bancos de madera,
escucha el ruido de la máquina
y contempla el paso del andén
mientras se aleja.
Por la noche sueño
que vuelves a pisar la estación y,
entre el humo de la locomotora,
veo primero tu pie, luego tu falda, luego tu
cara…
Un día contaré la historia a tus nietos
una historia de andenes vacíos,
trenes antiguos y olor a jabón...
Te miras en el espejo,
hace veinte años que te veo hacerlo
como si fuera la primera vez,
como si fuera la primera vez,
después sonríes con esa sonrisa que es sólo tuya,
y luego, agotada, el maquillaje apagado
y luego, agotada, el maquillaje apagado
sueñas amores, fiestas y brillos
de cristal, y vuelves atrás veinte años
para reencontrar el paraíso.
Hoy quiero que me acunes con palabras
que me recuerden el mar,
frases tiernas y abrumadas
en las que posar mis labios,
y que compartan mis cadenas,
hasta dormir.
Hasta morir.
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