vendredi 23 mars 2012

Reencuentro


Recorro el pasillo de hotel
con hormigas en la barriga,
mis nudillos llaman apresurados
a la puerta  de la habitación
y me recibe tu mirada clara
clavada en mi cara
como mudo reproche a mi tardanza.

Sin esperar respuesta,
 ajenos a nuestras mentes,
nuestros cuerpos se estrechan
y liberan pasiones contenidas,
fantasmas ideados
en el sueño anhelante
que anticipó nuestro encuentro
y que desean cumplir.

Tu cama deshecha
guía nuestro encuentro,
apresurado y ardiente
para compartir lo imaginado
y los sentidos desatados
reinventan nuestro amor discurrido
que nació de un encuentro breve
y hace del presente
un recuerdo vivaz del albur
del que nació este nudo.

Agotados y dolidos
nos vestimos, cansinos,
bajo la mirada del otro;
sólo ahora reconocemos
las almas que nos animan
y, cogidos de la mano,
salimos al aire fresco de la calle

Un bocado, una cerveza,
fumamos ajenos
al bullicio y la música;
charlamos de nuestras vidas,
hacemos planes y soñamos.
Hasta que el apremio renacido
nos devuelve a la habitación y,
más lúcidos ahora,
el ímpetu se templa
en anhelada ternura;
exploramos curiosos
cambios casi invisibles
ocurridos en nuestra piel
desde el último encuentro.
De nuevo entrelazados
nos empleamos en buscar
el alma en la mirada,
el gesto que la despierte
y fragüe la esperanza.

Caricias iluminadas,
unos tragos de alcohol
una mirada cálida
acompañada de palabras duras
y, poco a poco,  
el sueño  nos derriba
el uno contra el otro
con la luz encendida.

Despierto un minuto,
te contemplo incrédulo,
y revivo en tus párpados serenos
la mirada del reencuentro.

Mis labios impacientes
te despiertan poco a poco,
y de nuevo el cuerpo
aguza sus sentidos,
y otra vez aparece
la pasión, impaciente y sincera
que nos une y nos permitirá
esperar el próximo hotel,
la próxima puerta
y la próxima mirada